viernes, 18 de julio de 2014

Amnesia

...me pasa que el silencio se ha hecho memoria, que los días ya son ayeres, que el atardecer es mi mañana, me pasa que a veces no se donde estoy aunque todo me parezca tan cotidiano, tan imprescindible, se que me encuentro diluido en recuerdos tenues, pasajeros, difusos de este tiempo que ya no encaja en mi reloj, la neblina se vuelve cada vez mas espesa, distante del candor de aquellos días triviales, los colores cambian de lugar y los rostros aparecen y desaparecen de mi mente, estoy disperso, confundido, un día todo es diferente, no reconozco nada ni a nadie, incluso a mi mismo, camino por el valle del insomnio, pensando en aquellos que pasan y me sonríen, de aquellos que me llaman por nombres distintos, que nunca recuerdo, ¿Que soy? ¿Que fui? sobre la banqueta veo pasar la vida de los otros pero aun sigo aquí esperando ver pasar la mía...



Cada vez que nos dan clases de
amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de
amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros

en mi región hay calvarios de
ausencia
muñones de porvenir / arrabales
de duelo
pero también candores de
mosqueta
pianos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde
sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo
de otoño
sentimientos insoportablemente
actuales
que se niegan a morir allá en lo
oscuro

el olvido está lleno de memoria
que a veces no caben las
remembranzas
y hay que tirar rencores por la
borda
en el fondo el olvido es un gran
simulacro
nadie sabe ni puede / aunque
quiera / olvidar
un gran simulacro repleto de
fantasmas
esos romeros que peregrinan por
el olvido
como si fuese el camino de
santiago

el día o la noche en que el olvido
estalle
salte en pedazos o crepite /
los recuerdos atroces y de
maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por
el mundo
y esa verdad será que no hay
olvido

Ese gran simulacro
Mario Benedetti

miércoles, 25 de junio de 2014

Fuimos

...difuminado el silencio, agotadas las horas, ya cumplido el preludio y en este cese al fuego, donde las palabras no arden, ni tu ausencia envenena, ya sin miedo a voltear al pasado, sin temor de encontrarte en el espejo, en mis cicatrices, en la memoria, en las letras de esta historia que termino hace algunos puntos quizás suspensivos, quizás finales, ahora que la luz alumbra y que los colores han vuelto, que el tiempo ha regresado a los relojes y las dulzuras a las colmenas, ahora que mis palabras han retoñado en pleno invierno, quiero escribir en las lineas de este culmen, un testimonio, limpio, diáfano y contundente, de lo que fuiste, hablando en términos de mi existencia, fuiste no solo la belleza si no mas bien reedificaste esos monumentos tan mal acomodados en mi conciencia, la belleza no como palabra, ni como sustantivo, se transfiguraba en días comunes y se engalanaba en sueños, fuiste palabra de dos vías, tus oídos y tus labios sabían bien acomodarse, a la hora de esos discursos laborales, y de esas penas cotidianas, húmedas y frías, palabra dulce y tierna, lacerante e irremediable, fuiste suspiros que tal vez se pudieron haber confundido con tu belleza, pero que van mas allá de eso, suspiros de presencia y ausencia, de materia, espacio y tiempo o mejor dicho de no tocarte, de no verte, y de no tenerte, fuiste pasión, pero no de esas que se malbaratan debajo de las sabanas o que se mantienen expectantes, detrás de un pantalón o una falda, mas bien me refiero a ese sentimiento casi etéreo y divino, que fulminaba en un instante mis ganas de tocarte hasta el alma, de vaciarme en tu mirada,  de perderme en cada uno de tus pliegues, de introducirme en cada uno de tus poros, pero también fuiste morada, lecho fragante, cálido y sensible que apaciguaba mis menesteres, que purificaba mis aguas y alejaba mis demonios, ese lugar a donde llegar, con el que todos los viajeros sueñan, pero sobre todo fuiste amor, con el temor de menospreciar esta palabra tan sobre valorada, pero que no ha encontrado mejores silabas para alojarse, fuiste amor, convexo, radiante, fugaz y eterno, amor cargado de amor, tierno, contundente, bello, sincero, pero también soberbio, doloroso y egoísta, amor que se le acabo el amor, amor que no fue amor, y ese amor que fuiste, que fuimos y que no fue, y que ahora somos, aprendimos a andar como dos pequeños seres mutilados, que preferimos andar presumiendo por la vida ese trozo de amor que nos hace falta...



Porque entre el lunes y el martes,
me sobra tiempo para necesitarte
Porque me miento si digo,
que tu mirada no fue mi mejor testigo
Porque aunque ya no me duelas,
a veces busco tu nombre en mi chistera
Porque aún no vino el olvido,
para llevarse el último de tus abrigos

Por los besos que aún nos quedan en la boca
por los miles de homenajes que nos dimos
por nadar y no guardar nunca la ropa
por los dedos juguetones del destino
porque fuimos lo que fuimos, porque fuimos lo que fuimos...

Porque puesto a confesarte,
aún le tengo miedo a tenerte delante
Porque en cuanto me descuido,
me atropella algún recuerdo en el pasillo
Porque no puedo negarte,
que te quise sin querer y más que a nadie
Porque mi doctor previno,
que para este corazón estás prohibido


Fuimos lo que fuimos
Jorge Drexler

lunes, 2 de junio de 2014

Aparición

...y se me atravesó de repente sin ningún reparo, sin oprobio alguno, con sus dientes de descaro y sus garras de recuerdos, se me apareció silente con su canasta de escándalos, de tristezas y adioses, ahí estaba frente a mi con su mirada vigilante, con su ternura mentirosa, llena de fuegos, de lunas y lagrimas, y así también se fue de repente, con su estela melancólica y su aura de nostalgia,  y aquí estoy yo ante esta hecatombe de sueños desdibujados, después de esta tormenta de pasado, de esta lluvia de memorias, sentado junto a mi, en la ocasión de un pensamiento, que no es tan vago, que no es tan certero,aun te quiero...



¿De qué se nutre la nostalgia?
Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel.

Nostalgia
Mario Benedetti.

miércoles, 23 de abril de 2014

El día que ya no este

...despertó aquella mañana de lunes, un invierno retrasado acariciaba aun aquel Abril que poco sol había parpadeado y una brisa helada se colo por la ventana hasta llegar hasta su piel desnuda, él ya no estaba, su existencia había zozobrado hace algunos días y en sus ojos ya no cabía humedad alguna ni en su corazón hinchado de tristezas mas melancolía, abrió los ojos con esas ganas que ya no recordaba y descubrió que el tiempo seguía su marcha, tanto que no parecía notar su ausencia, pero no había mas verdad que esa, ni en la realidad ni en sus sueños en donde también lo perdía, pero su amor aun la cubría, la acariciaba con el frió tacto de los recuerdos de alguien que ya no esta, de alguien que se ha ido para siempre, encendió una vela que proveía una luz marchita que entonaba de amarillos sombríos aquella habitación, la mañana era joven pero el cielo agonizaba en gris, sin azul, sin sol sin blancas nubes, entonces tomo el sobre que había dejado la ultima noche que pudo verle, abrió el sobre para poder leer las ultimas palabras de aquel amor extinto atrapadas entre tinta y papel, el titulo de aquella carta decía "Instrucciones para volver a estar juntos"

"Abre bien los ojos, 
enciende el silencio, 
respira suavemente, 
se feliz, 
que cada que tu sonrías,
yo estaré ahí"



Domingo 23 de junio
«La teoría de ella, la gran teoría de su vida, la que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizá bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar. Es algo semejante a lo que pasa con los desilusionados de la Gruta Azul. La que ellos imaginaron es una gruta de hadas, no sabían bien cómo era, pero sí que era una gruta de hadas, en cambio llegan allí y se encuentran con que todo el milagro consiste en que uno mete las manos en el agua y se las ve levemente azules y luminosas.» Evidentemente, le agrada relatar las reflexiones de su madre. Creo que las dice como una convicción inalcanzable para ella, pero también como una convicción que ella quisiera fervientemente poseer. «Y vos, ¿cómo te sentís?», pregunté, «¿como si te vieras las manos levemente azules y luminosas?» La interrupción la trajo a la tierra, al momento especial que era este hoy. Dijo: «Todavía no las introduje en el agua», pero en seguida se sonrojó.

La tregua 
Mario Benedetti

viernes, 28 de marzo de 2014

Bisuterïa

...me busque en el espejo a la hora de no encontrarme, nada había quedado de mi después de esta vida, solo una pieza barata, bisutería sin valor, preferí adornar mi cuerpo y me olvide del espíritu, me tope en el camino con flores y oro, pero el oro en esos tiempos brillaba mas que las flores y ahora las flores brillaran lo que no brillo el oro, en esta caja vacía donde ahora que estoy seco ya no lloro, tuve todo lo que no valía, y ahora valgo lo que no tenia, en el frió inerte de esta adiós definitivo, ahora entiendo que la vida se resume en la muerte, presumí mis poderes, lo mundano y efímero, sin saber que al final estas solo, mas solo que el destino, me olvide de los sueños le hice caso a las modas, me vendí con quien pude, por menos de lo que no tengo ahora, nunca di un paso en falso, pero me olvide de ver, paisajes, ocasos, mañanas y lunas, estrellas fugaces, sonrisas sin cura, un amor verdadero que no juegue a la duda, algo no perecedero que me llevara a la tumba, pero ahora estoy solo entre estas cuatro paredes, que cubiertas con tierra me recuerdan la nieve, por el frió que siento a lo hora de irme y la humedad de esos ojos que no pudieron detenerme...


Hace algunos años solíamos soñar con un diáfano viento originado en Asia que barriera de nuestras ciudades esas Cosas que se han erigido en nuestros dioses -las chucherías, los jarrones, las tiras de papel impreso, los rieles de cortinas o los artículos fabricados en serie-, esa remilgada posesión de cachivaches, responsable de las diferencias entre ricos y pobres, que constituye la única recompensa otorgada por nuestra civiliación y la razón final por la que luchamos hasta consumir el cuerpo y la mente. Así pues, ese bípedo erecto y desnudo que en su origen era el hombre, ha pasado a convertirse en una especie de cangrejo ermitaño incapaz de sobrevivir sin su caparazón, consistente en una densa amalgama de esmóquines, limusinas, coladores, cupones canjeables, batidores de huevos y máquinas de coser; en suma, cuanto más densa es esa coraza, menos autosuficiente es el individuo y más probabilidades tiene, en cambio, de alzanzar la consideración de hombre rico y poderoso.

Orient express
John Dos Passos

viernes, 21 de marzo de 2014

A veces

Aveces a estas horas donde nada es nada me dan ganas de quitarme a este yo que me estorba para poder gritarte o decirte con alguna sublimación de palabras que te extraño...

martes, 11 de marzo de 2014

Espejismos

...estoy tan cansado de escudriñar entre el pasado y el olvido, ese no soy yo y ni siquiera me encuentro en el presente, lo que aparece en el espejo no concuerda conmigo, con la seriedad de esta alma encarnada en este cuerpo volátil, estoy harto de acudir a los recuerdos para saborear un poco de alegría, para degustar algún suspiro, para sentirme vivo en esos renglones ya muertos porque ya nadie los lee, y ni siquiera me siento aquí ahora mismo, me la he pasado regalando el corazón y creo que me quede con la peor parte, regale amor y desamor a cuanta se atravesó sin procurar siquiera el destino de mis caricias, sin poner por escrito y ante un representante de alguna ley, que este amor es perecedero, o era hablando en términos de aquel eco que una vez fui,  estoy tan a la deriva, como sin piel en un mar de mentiras saladas, hasta aquí he llegado con los espejismos, prometo ya no comprar ilusiones baratas, ni regalarme tan fácil a la peor postora, aunque ya no tenga corazón que ofrecer, mi alma respira en esta nueva mañana, porque el futuro esta hecho de sueños y a mi no me queda mas remedio que soñar...



Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedo sin utopías


cómo voy a creer

que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza



cómo voy a creer / dijo el fulano

que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea



cómo voy a creer

que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada



cómo voy a creer / dijo el fulano

que tu cuerpo / mengana
no es algo más que lo que palpo
o que tu amor



ese remoto amor que me destinas

no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos



cómo voy a creer / mengana austral

que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro



cómo voy a creer / dijo el fulano

que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos/ sos mi utopía.

Utopias 
Mario Benedetti



viernes, 7 de marzo de 2014

Semitono

...a media voz, con el corazón diluido, y mi silueta pensante, dibujado en el trino de un clochard delirante, a una hora confusa del día, en ausencia de luna,  con peligro de derrumbe, con el alma a media hasta y los ojos inundados de verdad, con la boca llena de silencios, en desprecio del tiempo, de la luz agobiante de aquellos semáforos que invocan sentimientos, recuerdos transeúntes, pensamientos disipados, glorias errantes y todas esas cosas que no encuentran mejor tiempo para llegar, pero llegan, y se quedan, y arañan el alma, y pellizcan el corazón y te hunden en lo mas profundo de ti mismo, donde quizás no quieres estar, por aquella advertencia de no platicar con desconocidos, mucho menos con muertos que siguen vivos, con pasados que no saben irse, con estrellas que ya no palpitan, con fantasmas de cara amable y todo eso que por algún motivo ya no es, y todo este alboroto, de mares, de ideas, de sueños, y centellas, es solo para que en mi mente se dibuje una frase, que no esta hecha de palabras, si no mas bien de paisajes, "Fui a un bosque a buscarte pero solo encontré arboles"...



Lunes 25 de febrero

Pero Blanca preguntó: "¿Así que se acordaba de mamá?". Me pareció que Jaime iba a decir algo, creo que movió los labios, pero decidió quedarse callado. "Feliz de él", agregó Blanca, "yo no me acuerdo". "Yo sí", dijo Esteban. ¿Cómo se acordará? ¿Como yo, con recuerdos de recuerdos, o directamente, como quien ve la propia cara en el espejo? ¿Será posible que él, que sólo tenía cuatro años, posea la imagen, y que a mí, en cambio, que tengo registradas tantas noches, tantas noches, tantas noches, no me quede nada? Hacíamos el amor a oscuras. Será por eso. Seguro que es por eso. Tengo una memoria táctil de esas noches, y ésa sí es directa. Pero ¿y el día? Durante el día no estábamos a oscuras. Llegaba a casa cansado, lleno de problemas, tal vez rabioso con la injusticia de esa semana, de ese mes.

A veces hacíamos cuentas. Nunca alcanzaba. Acaso mirábamos demasiado los números, las sumas, las restas, y no teníamos tiempo de mirarnos nosotros. Donde ella esté, si es que está, ¿qué recuerdo tendrá de mí?

En definitiva, ¿importa algo la memoria? "A veces me siento desdichada, nada más que de no saber qué es lo que estoy echando de menos", murmuró Blanca, mientras repartía los duraznos en almíbar. Nos tocaron tres y medio a cada uno.

La tregua
Mario Benedetti

jueves, 27 de febrero de 2014

Noches de sueño

...un anciano observa el cielo mientras la luna mengua, en una noche donde las luciérnagas quieren ser estrellas, las sombras estelas, y los párpados eternos, es la noche del insomnio, donde todos pueden soñar a ojos abiertos, donde ilusión es otro estado de la materia, en donde cada anhelo encuentra su cielo, donde hay un muelle para cada deseo y un faro para toda fe, la luna se transfigura en sol, la noche poco a poco se cubre de día, la neblina se ha marchado con la brisa, y aquel anciano ahora es un viejo roble...



Yo soñé con aviones
que nublaban el día,
justo cuando la gente
más cantaba y reía,
más cantaba y reía.

Yo soñé con aviones
que entre sí se mataban
destruyendo la gracia
de la clara mañana
de la clara mañana.

Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?

En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar.

Anoche tuve un sueño
y anoche era verano
oh verano terrible
para un sueño malvado,
para un sueño malvado.

Anoche tuve un sueño
que nadie merecía
¿Cuánto de pesadilla
quedará todavía,
quedará todavía?

Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?

En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar.

Yo soñé un agujero
bajo tierra y con gente
que se estremecía
al compás de la muerte,
al compás de la muerte.

Yo soñé un agujero
bajo tierra y oscuro
y espero que mi sueño
no sea mi futuro,
no sea mi futuro.

Si pienso que fui hecho
para soñar el sol
y para decir cosas
que despierten amor.
¿Cómo es posible entonces
que duerma entre saltos
de angustia y horror?

En mi sábana blanca
vertieron hollín,
han echado basura
en mi verde jardín
si capturo al culpable
de tanto desastre
lo va a lamentar.

Sueño de una noche de verano
Silvio Rodriguez

lunes, 17 de febrero de 2014

En las nubes

…se escapo de un sueño a plena luz del día, sin saber a donde ir corrió entre coches, computadoras, edificios, caras fijas, menesteres de lo cotidiano, sin saber a donde ir, entre paraguas y taxis, entre calles y semáforos, entre lluvia y nubes, entre cielo y corazón, escapando de eso de todos los días, de lo que siempre es lo mismo, de lo que nunca cambia, del murmullo sin fin, de los sueños ajenos, de la falta de tiempo para vivir, del pragma aparente, del sentimiento barato, del monótono deseo de no existir, se escapo de si mismo, de aquel que no quería ser, se escapo a plena luz del día, poco los vieron correr, nadie tuvo tiempo para preguntar que le pasaba a aquel loco, las alas en esos tiempos ya no estaban de moda, las raíces eran lo de hoy, y él ya las había perdió, después de todo, se necesita altura para volar, y en sus sueños siempre andaba en las nubes...


“Era como si mientras el engaño sucedía en silencio y monótonamente, todos nosotros hubiéramos aceptado ser engañados, favoreciéndolo con nuestra inconsciencia o puede que cobardía, pues toda la gente es cobarde y prefiere de un modo natural cometer una traición, ya que ésta tiene un aspecto cómodo.”


“Recordaba que mi padre solía decir que la razón para vivir era prepararse para estar muerto durante mucho tiempo. Y cuanto tenía que verlos día tras día, cada cual con sus pensamientos egoístas y secretos, cada cual con su sangre distinta a la de los demás y a la mía, y pensaba que al parecer era mi único modo de prepararme para estar muerta, odiaba a mi padre por haberme engendrado. Solía estar deseando que cometieran alguna falta, para así poder zurrarles. Cuando la vara caía, podía sentirla en mi propia carne; cuando les levantaba cardenales y verdugones, era mi sangre la que corría, y a cada golpe de vara pensaba: ¡Ahora vais a saber quién soy! Ahora soy alguien en vuestras vidas secretas y egoístas, soy quien ha marcado para siempre vuestra sangre con la mía."



“Mientras agonizo”

William Faulkner

miércoles, 5 de febrero de 2014

Amnesia matutina

...apareció de repente en su memoria a la edad de 31 años, naciendo con conciencia pero desconociendo que había existido, su vida aparente le remontaba al no mas lejano momento de aquel instante, en donde de ojos abiertos y sabiendo de todo menos de el mismo, mientras la oscuridad dejaba de ser en su espíritu, el roció de una brisa matutina le conectaba con su ser, ¿Donde había estado? no había en el ningún recuerdo, ni siquiera un esbozo de si mismo, un réquiem a destiempo, un amanecer con luna, y un frió tenue que rosaba sus mejillas, la gente lo veía como a cualquier otro, sin nada nuevo, sin nada extraordinario, pero el no se reconocía y ya nada sabia de si.

Una noche anterior, a la luz de una vela y algo de viento que se colaba por la ventana, un silencio y una soledad o dos formas distintas de decir lo mismo, algunas lagrimas sin fuerza de derrame, una tristeza material, que se escapaba de las leyes de la física, que podía tocarse, que olía algo así como a alquitrán, un reparo de sollozos, un llanto alegórico, un preludio amenazante y una decisión, la de irse de si mismo la de dejarla ir, la de extirparla de si,  de su memoria, de su historia misma, costara lo que costara, bajo los riesgos, síntomas y efectos secundarios que le pudieran venir, le era necesario, porque la tristeza ya no le cabía, porque las noches, el tiempo, las lunas, el espacio, los rincones, las banquetas, las primaveras, las estaciones, los puertos, y un sin fin de cosas habían perdido su lugar o quizás mejor dicho su razón de ser, entonces se apretó el corazón, la dibujo con su memoria por ultima vez, silueta por silueta hasta crearla tan perfecta incluso mas de lo que solía ser, cerro los ojos y se la arranco...

y apareció de repente en su memoria a la edad de 31 años...



No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.

A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.

Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.

Memorias
José Emilio Pacheco

domingo, 26 de enero de 2014

Así entendi

... y así comprendí que el tiempo erosiona la memoria, que poco a poco la marea baja y los sueños aterrizan, que el silencio se convierte en distancia, que las noches extinguen las palabras, que los sentimientos también se apagan, que el olvido es una gran ola que arrasa con todo, cuando la decisión hace juego con la razón y el estupor con el desasosiego, así entendí que las manos también entienden, que los ojos por lo menos lo intentan y que a luz le gusta renacer, así me di cuenta de que el corazón no es mas que una tripa, que el amor no se hunde en cualquier mar, que el dolor no rima con felicidad y que alegría no se asocia con adiós, que esperar no es un verbo en presente, que el futuro no siempre es camino, pero sobre todo que el pasado pronto pasara, que las siluetas se difuminan en la mente, que se convierten en sombras, en fragmentos de tiempo atrapados en la memoria, recuerdos moribundos de noches en brama, que al cerrar los ojos se escurren por la cama, y por el alma, y por la voz que ya no te llama, porque empieza a olvidar tu nombre...



Y comprendió que hay personas que brillan sin ser estrella, y que hay silencios que separan, sin ser kilómetros. Que la vida es un poquito así, sin sentido, pero que nos desesperamos por darle uno. Un sentido, con nombre y apellidos, a ser posible. Un sentido que nos abrace por las noches y que no se vaya al vernos las cicatrices: que las comparta con nosotros.

Comprendió que enamorarse era una necesidad tan importante como respirar, y que, al igual que moría si no respiraba, también lo hacia, aunque de distinta forma, si no amaba. Pensaba eso del amor. Y también pensaba que las personas se habían acostumbrado a maquillarse los sentimientos, porque tenían miedo de que alguien llegase y les hiciese daño. Y es que no hay nada peor que alguien te rompa lo más bonito que tienes, es decir, las razones de sonreír, los sueños, las esperanzas. Que te quite las ganas. Así que nos vestimos con un poquito de orgullo, y lo miramos todo desde la distancia, tanteando el precipicio antes de saltar, porque si vamos a morir, queremos morir por alguien que sepa llorarnos.

Y sobre el desamor (o cuando sientes cosas bonitas por alguien que ya está sintiendo cosas bonitas por otro) pensaba que, a veces, es inevitable. Y que, ojalá, pudiésemos elegir de quién enamorarnos, y hacerlo de aquella persona que supiese querernos. Pero las cosas, por desgracia, no son así. Y muchas veces (más de las que me gustaría) terminamos padeciendo insomnio por alguien que, además, e irónicamente, nos hace soñar.

Y luego terminó hablando sobre la capacidad de olvidarnos de las personas, y sobre la naturaleza de los recuerdos, diciendo que la mejor forma de olvidar a alguien que nos duele recordar es llegando a la conclusión de que no merecemos eso, de que merecemos algo más. De que merecemos sangrar por alguien que, luego, venga a curarnos. De que la vida no es tan larga, ni dura tanto, como para estar perdiendo el tiempo esperando trenes que ya han pasado. De que hay que sonreírle a los amaneceres, independientemente de que llueva e independientemente de que compartamos cama con la soledad. Que las cosas llegan cuando menos las esperas, y que si siempre las estás esperando, sólo tardan en llegar un poquito más. Pero llegan, tarde o temprano.

Y entonces dijo: "Sigo queriendo a toda la gente a la que he querido en mi vida, pero sólo amo con esa urgencia en la mirada a la esperanza de que, un día, y qué más da cuándo, amaré a alguien y será para siempre".

Hay silencios que separan sin ser kilómetros
Sergio Carrión 


domingo, 19 de enero de 2014

Puentes

...me refiero a un puente, a ese espacio entre dos puntos accidentados en el universo, a aquello que une lo que se ha roto, que conecta lo que se separa, como  tus días y mis noches, como tus dedos y mi piel, como el silencio y la música, como la luz y el color, como de mi cama a tus sueños, como de la luna a el sol, como de tus ojos a mis paisajes, como de tus lagrimas a mi tristeza, como de tus letras a mis lineas, como de tus heridas a mis cicatrices, como de tu nombre hasta al mio, me refiero a ese momento en que la soledad se posa sobre mi sombra y los recuerdos revolotean como luciérnagas, a ese instante preciso en que te paras frente a mi aunque no quiera verte, cuando te escapas del olvido y te cuelas por las grietas de mi memoria, en ese momento lucido y ciego, triste y alegre, claro y transparente, oscuro y sombrío, donde apareces y desapareces...



Hoy te busque
en la rima que duerme
con todas las palabras.

Si algo calle
es porque entendi todo,
menos la distancia.

Desordene
atomos tuyos
para hacerte aparecer.

Un dia mas, un dia mas.

Arriba el sol,
abajo el reflejo
de como estalla mi alma.

Ya estas aqui.
Y el paso que dimos
es causa y es efecto.

Cruza al amor.
Yo cruzare los dedos...

...Y, gracias por venir.
¡Gracias, porvenir!

Adorable puente
se ha creado entre los dos.

Cruza al amor.
Yo cruzare los dedos...

...Y, gracias por venir.
¡Gracias, porvenir! (Bis)

Adorable puente...

Cruza al amor...
...cruza al amor por el puente.

Usa al amor...
Usa al amor como un puente.

Gustavo Cerati
Puente

martes, 7 de enero de 2014

Hay un momento

...tiempo de luna, cerrojo en mi mente, pensamiento aparente, se apagan los segundos, rezago de un sentimiento, no mas luz estridente, avanzamos sedientos hacia lo incontenible, un futuro incierto, dos personas diferentes y tres formas de irse, nos difuminamos en estas noches de luna y sabanas tristes, a las 4 AM ahora te vas, entre sueños desapareces, te disfrazas de realidad, hasta amanecer, donde el sol ya no nos encuentra juntos, donde las mañanas aun no mejoran con café, pero ahí estamos o vamos, montados en el tren del olvido, en el sollozo rutinario, en el suspiro innecesario que de pronto aparece cuando desapareces, cuando todo se cubre de nostalgia y una abrumadora melancolía nos abraza o quizás nos consuela, hasta que el sol decida irse, vestido de aquellos colores que aun no saben igual, perdiéndose en los mares de algunos puertos que ya no caminaremos juntos, mas sin embargo y sin reparo te confieso que hay un momento quizás muy pequeño o tal vez enorme, en el que cierro los ojos para verte...



QUIERO que sepas
una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.

Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

Si tu me olvidas
Pablo Neruda

domingo, 22 de diciembre de 2013

Despedida

Entre mi amor y yo han de levantarse
trescientas noches como trescientas paredes
y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.
Oh tardes merecidas por la pena,
noches esperanzadas de mirarte,
campos de mi camino, firmamento
que estoy viendo y perdiendo...
Definitiva como un mármol
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Jorge Luis Borges


martes, 17 de diciembre de 2013

Un adiós que no se dio

…y en mis horas se sigue dibujando tu rostro, síntoma del silencio, consecuencia de un recuerdo inmediato, no sabes irte, mucho menos decir adiós, no sabes despedirte, solo te fuiste a una hora no adecuada de mi vida, en el momento que mas te necesitaba, apagaste la luz de nuestro tiempo, huiste hacia el olvido, te escabulliste así nada mas, mas sin embargo no te he dedicado ninguna tristeza, mucho menos lagrimas, preferí las sonrisas, elegí el brillo, tu semblante limpio en mi memoria, la misma que separa el mejor lugar para ti, no fue nuestro tiempo y quizás ya nunca será, aun así honro tu recuerdo, y me alegro de que hayas existido, de lo que eres y de lo que serás, agradezco a la vida, a los sueños, a la esperanza, a la belleza, al amor, toda causa de benevolencia, todo deseo, toda alegría, cualquier sentimiento que hable bien de nosotros, de eso que si fuimos y no en lo que nos convertimos, en este mundo hay mas cosas buenas que malas todos los días me convenzo de ello, y espero reserve las mejores, para ti, para tus días, para tu paso por esta bella vida, te regalo estas letras, no te puedo dar mas, ten paz, pronto llegara y después de esto vendrá lo mejor…


Adiós

En costa lejana
y en mar de Pasión,
dijimos adioses
sin decir adiós.
Y no fue verdad
la alucinación.
Ni tú la creíste
ni la creo yo,
«y es cierto y no es cierto»
como en la canción.
Que yendo hacia el Sur
diciendo iba yo:
«Vamos hacia el mar
que devora al Sol».
Y yendo hacia el Norte
decía tu voz:
«Vamos a ver juntos
donde se hace el Sol».
Ni por juego digas
o exageración
que nos separaron
tierra y mar, que son
ella, sueño y el
alucinación.
No te digas solo
ni pida tu voz
albergue para uno
al albergador.
Echarás la sombra
que siempre se echó,
morderás la duna
con paso de dos...
Para que ninguno,
ni hombre ni dios,
nos llame partidos
como luna y sol;
para que ni roca
ni viento errador,
ni río con vado
ni árbol sombreador,
aprendan y digan
mentira o error
del Sur y del Norte,
del uno y del dos!

Adios
Gabriela Mistral

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El día de las cosas que pasan

La luz avanzo rápidamente hacia sus ojos, sus pupilas sosegaron ante el inquietante brincoteo de brillos y colores, desprovisto de un gesto suave, tallo sus ojos para rencontrarse con la felicidad, pero el palpitar de tonos alegres que adornaban aquel lugar le encandilaban y eran precedidos de una marejada de sensaciones nuevas, los colores viajaban por el aire en forma de acordes que se dibujaban entre las nubes de aquel cielo, al son de las sucesiones el tiempo avanzaba rápido, inquietante, sin reparo, la catarsis de su alma desdibujaba dentro de él cualquier mal recuerdo, cualquier rastro de tristeza, como un efecto purificante le hacia brillar, lo camuflajeaba entre aquel universo de colores, la escala de grises de su existencia, había sido sustituida por tonalidades surreales, existentes quizás solo en la mente de aquellos pintores que murieron en el delirio de sus lienzos, camino con cierto miedo, palabra que quizás en aquel mundo aun no existía, atónito ante todo, con su mirada expuesta a cada una de las cosas que pasaban en aquel lugar, y que parecían mantenían una coordinación estricta para embellecerlo, para formar una armonía en conjunto del que él ya era parte y no desentonaba, un camino entre arboles y flores coloridas le invitaba a avanzar hacia lo que el recordaba en aquel sueño como una cueva oscura debajo de una pequeña cascada de aguas cristalinas, se mantuvo caminando con cierto reparo en no extraviarse en la belleza idílica de aquel lugar, aves con plumajes al oleo, insectos prismáticos, animales traslucidos, todos al pendiente de su llegada a aquella cueva de la que emanaba la voz de alguien que le invitaba a pasar, aquella voz que en otros tiempos fue pasado y que ahora es destino…



“Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona. Aunque ni el diablo sabe por qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase ‘Todo tiempo pasado fue mejor’ no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que-felizmente-la gente las echa en el olvido. Desde luego, semejante frase no tiene validez universal; yo, por ejemplo, me caracterizo por recordar preferentemente los hechos malos y ,así, casi podría decir que ‘Todo tiempo pasado fue peor’, si no fuera porque el presente me parece tan horrible como el pasado, recuerdo tantas calamidades, tantos rostros cínicos y crueles, tantas malas acciones que la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.

El túnel
Ernesto Sabato

martes, 3 de diciembre de 2013

La noche de lo irremediable

…caminaba por aquel callejón oscuro, directo a lo irremediable, pensando en lo contundente de aquella noche, paso tras paso aferrado al destino, al designio de un Dios irreverente, en la búsqueda de aquel sueño inexorable, las paredes se acercaban mas a él, como con intención de abrazarle, como una serpiente constrictora, ventanas sin luz flotaban por encima de él, donde parecía no había vida, en aquel lugar que la esperanza había abandonado y había sido remplazada por una tacita tristeza, por un herrumbre de alma, por el fétido hastió del desasosiego, pero no había otro lugar en el que quisiera estar, ni otro rumbo al que quisiera llegar, había pasado buscando toda su vida aquel callejón, que era tan común como para no parecerse a nada, y tan extraño como para ser real, pero existía en aquel pueblo en donde las estrellas nunca salían, donde las sirenas habían devorado a casi todos los hombres y donde los niños solo aparecían en los cuentos que ya nadie contaba, la oscuridad espesa se agravaba en el semblante de aquel pasillo sinuoso, lúdico en el tiempo que parecía intermitente, sofocado, a rítmico, abrumado por la sequía de voces, por la marchites de la vida de aquel pueblo agonizante, ya estaba cerca de aquel lugar que brillo en sus sueños, que era protegido por una puerta de roble viejo y un candado de hierro fundido en tiempos de espadas, forjado en tiempos de sangre, y de pronto se encontraba frente a aquella puerta, saco una llave de su bolsillo que había llegado hasta él a través de un sueño o quizás de una pesadilla…


Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?"

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."

"Prometo."

"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"

"No."

"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.


2

No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

Fin

La noche de los feos
Mario Benedetti

lunes, 2 de diciembre de 2013

Tiempo de nubes

…en este tiempo de nubes, cirrus del corazón, silueta difuminada en el cielo, amor sin consuelo, luz de agonía, tirana la duda viaja por el silencio, naufragio del tiempo a la hora de irse, las noches se van sin despedirse, cabalgan por sueños de eros y de quimeras, lugar sin estrellas, nausea del universo, pensamiento convexo, relativo a vivir, muerte de luna resurgimiento de sol, enarmonia del alma, flare del destino que nunca llego, luciérnaga estelar, campo de orquídeas enarboladas, otoño de Abril, sepia de un bisiesto, todo incompleto, navegante de azar, en este tiempo de dudas, confusión del corazón, imagen en mi mente, amor sin remedio, que se extingue, lleno de dudas, se acaba el tiempo, no hay mas noches para nosotros, nos falta ilusión, no tenemos lugar, indecisión de vida, resurgimiento, intranquilidad del alma, sueños que no se hicieron realidad, tú, con todo lo bueno, estas confundida, no eres lo que creía, no tenemos remedio, se acaba, incertidumbre, es el final, se acabó…



...Tendió la mano desesperadamente, como para
apoderarse de un jirón de aire, para salvar un
fragmento del lugar que ella embelleciera para él.
Ahora todo iba demasiado de prisa, a sus turbias
pupilas; sabía que había perdido para siempre la mejor
parte de su vida; la más pura y la mejor...

El gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald

miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Qué Pasará?

...y ¿Qué Pasará? cuando el tiempo nos haga trizas, y las lagrimas empiecen a tener sentido, cuando volteemos atrás para encontrarnos, para creer que hay algo mas, y ¿Qué Pasará? cuando los años aparezcan en nuestros rostros, y las cicatrices emerjan del fondo de nuestras almas, y los anhelos ya hayan pasado al olvido, y los sueños hayan perdido su lugar,¿Qué Pasará? cuando rutina signifique vida, cuando silencio rime con indecisión, con nunca fue y se acabo, ¿Qué Pasará? cuando se nos arrugue el corazón y las golondrinas aprendan a volar y empecemos a estar sin estar, ¿Qué Pasará? cuando no sea suficiente la memoria y se nos pierdan los recuerdos, cuando el valió la pena ya no valga, ¿Qué Pasará? ese día en que la felicidad toque la puerta y la realidad no la deje entrar, cuando las noches parezcan días, cuando los suspiros se nos atoren en la garganta, cuando ya no haya mas, ¿Qué Pasará? cuando la verdad nos caiga encima, y nos encuentre en una cama fríos, secos, vacíos, muertos de amor sin amor...


"En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices, y los más felices sobre la tierra."

Cien años de soledad
Gabriel García Márques

martes, 15 de octubre de 2013

Nunca sabremos

…nunca sabremos cuando es que fue la despedida, cuando nuestras manos apuntaron a un cielo definitivo en esa danza circular a la que llaman adiós, como si esas manos que estuvieron diluidas supieran de finales y destierros, nunca sabremos si fue en la cama o en el mar, o en aquel momento en que ya no estuvimos, aunque a ciencia cierta nunca sabremos si eso sucedió, ante el atisbo de un recuerdo cauteloso repaso con mis ojos y mis dedos aquel momento, tu silueta desvaneciéndose en el cruzar de mis desvíos, tal vez sabia que no te volvería a ver, pero eso aun no lo se, nunca sabremos cuando desaparecimos, cuando el cielo volvió a ser simplemente cielo y todo lo que hay dentro de él, nunca sabremos si nuestro lugar esta en el ayer, si debimos haber hecho tratos con dioses relojeros, nunca sabremos si hay ocasión de volver, o si fuimos fugaces, lo que si sabemos es que fuimos amor…


Caí en la cuenta de que no volvería a ver a Nancy muy poco a poco. Al principio estaba enfadado con ella y no me importó. Después, cuando preguntaba por ella, mi madre debía de distraerme con una respuesta vaga, para no recordar ni recordarme la angustiosa escena. Seguro que fue entonces cuando empezó a pensar en serio en enviarme al colegio. Creo que me instalaron en Lakefield aquel mismo otoño. Probablemente mi madre sospechaba que cuando me acostumbrase a estar en un colegio de chicos el recuerdo de haber tenido una compañera de juegos se iría difuminando y me parecería algo indigno, incluso ridículo.

El día después del funeral de mi padre mi madre me sorprendió al preguntarme si la llevaría a cenar afuera (por supuesto, ella me llevaría a mí), a un restaurante a orillas del lago, a varios kilómetros de allí, donde esperaba que no hubiera nadie conocido.
-Tengo la sensación de llevar toda la vida encerrada en esta casa –dijo-. Necesito tomar aire.
En el restaurante miró discretamente a su alrededor y anunció que no conocía a nadie.
-¿Te tomas una copa de vino conmigo?
¿Habíamos recorrido toda aquella distancia para que ella pudiera beber vino en público?
Cuando llegó el vino y pedimos la cena, dijo:
-Hay algo que creo que deberías saber.
Esta puede ser una de las frases más desagradables que puede escuchar una persona. Existen muchas probabilidades de que lo que deberías saber te resulte gravoso, y de que se insinúe que otras personas han tenido que soportar la carga mientras que tú te has librado todo ese tiempo.
-¿Que mi padre no es mi verdadero padre? –dije-. ¡Yupi!
-No seas bobo. ¿Te acuerdas de tu amiguita Nancy?
La verdad es que tardé unos momentos en acordarme. Después dije:
-Vagamente.

En aquella época todas las conversaciones con mi madre parecían requerir una estrategia. Tenía que mostrarme desenfadado, gracioso, indiferente. En su rostro y su voz había un dolor latente. Nunca se quejaba de su situación, pero en las historias que me contaba había tantas personas inocentes y maltratadas, tantas atrocidades, que se suponía que yo debía volver como mínimo apesadumbrado con mis amigos y mi afortunada vida.
Yo no estaba dispuesto a colaborar. Posiblemente lo único que mi madre quería era alguna muestra de compasión, o tal vez de ternura física. Yo no podía dársela. Era una mujer maniática, aún no maltrecha por la edad, pero yo la rehuía como si comportara un riesgo de depresión pertinaz, como un hongo contagioso. Rehuía sobre todo cualquier alusión a mi desgracia, que a mí me parecía que ella valoraba de una forma especial, la atadura de la que yo no podía librarme, que tenía que reconocer, que me unía a ella desde la cuna.
-Probablemente te habrías enterado si estuvieras más en casa –dijo-. Aunque ocurrió poco después de que te enviáramos al colegio.
Nancy y su madre se fueron a vivir a un apartamento propiedad de mi padre, en la plaza. Allí, una mañana de otoño, la madre de Nancy encontró a su hija en el cuarto de baño, empuñando una cuchilla de afeitar y cortándose una mejilla. Había sangre en el suelo y en el lavabo y Nancy se había salpicado por todas partes. Pero no cedió en su propósito ni dio ningún grito de dolor.
¿Cómo sabía mi madre todo aquello? Solo puedo creer que fue un drama conocido en la ciudad, sobre el que supuestamente había que correr un velo, pero demasiado sangrante y sangriento para no contarlo con detalle.
La madre de Nancy envolvió a su hija en una toalla y consiguió llevarla al hospital. En aquella época no había ambulancias. Probablemente paró un coche en la plaza. ¿Por qué no llamó por teléfono a mi padre? Da igual, no lo hizo. Los cortes no eran profundos ni la pérdida de sangre demasiado grande, a pesar de las salpicaduras; no habían afectado ningún vaso sanguíneo importante. La madre no paraba de reprender a la niña y de preguntarle si estaba bien de la cabeza.
“A mí tenía que caerme una hija como tú”, decía una y otra vez.
-Si en aquellos tiempos hubiera habido trabajadores sociales, seguro que a esa pobre criatura la hubieran internado en un centro de acogida de menores –dijo mi madre-. Era en la misma mejilla. Como la tuya.
Intenté guardar silencio, fingir que no sabía de qué me estaba hablando, aunque debía decir algo.
-Tenía pintura por toda la cara.
-Sí. Pero esta vez lo hizo con más cuidado. Se cortó solo una mejilla, intentando parecerse lo más posible a ti.
En esta ocasión conseguí no responder.
-Si hubiera sido chico habría sido diferente, pero para una chica es terrible.
-Hoy en día la cirugía plástica hace cosas increíbles.
-Sí, bueno. Quizá consigan hacer algo. –Un momento después añadió-: Qué sentimientos tan profundos. Los que tienen los niños.
-Lo superan.
Mi madre dijo que no sabía qué había sido de ellas, ni de la madre ni de la hija. También de que se alegraba de que yo nunca hubiera preguntado nada, porque le habría horrorizado tener que contarme algo tan penoso cuando yo era todavía pequeño.
No sé si guardará alguna relación con algo, pero he de decir que mi madre cambió por completo cuando ya era muy anciana. No paraba de soltar disparates, como que mi padre había sido un magnífico amante y ella “una chica bastante mala”.
Sostenía que yo debería haberme casado con “esa chica que se cortó la cara” porque ninguno de los dos podría haberse sentido más orgulloso que el otro de haber hecho una buena obra. Cada uno sería igual de repulsivo que el otro, decía con sorna.
Yo estaba de acuerdo. Entonces empecé a quererla bastante.

Hace unos días me picó una avispa mientras recogía unas manzanas podridas de debajo de uno de los viejos árboles. Me picó en un párpado, que se me cerró rápidamente. Fui en el coche al hospital, valiéndome del otro ojo (el hinchado era el del lado “bueno” de mi cara) y me sorprendió que me dijeran que tenía que pasar la noche ingresado. El motivo era que cuando me pusieran la inyección tendrían que vendarme los dos ojos, para evitar que forzara el otro, con el que veía bien. Pasé lo que suelen llamar una mala noche, me desperté muchas veces. Nunca hay demasiada tranquilidad en los hospitales, naturalmente, y en el poco tiempo que estuve sin ver me dio la impresión de que se me agudizaba el sentido del oído. Cuando oí unas pisadas en mi habitación supe que eran de una mujer, y me pareció que no era una enfermera. Sin embargo, cuando dijo “Está despierto. Bien. Vengo a leerle”, pensé que me había equivocado, que sí era una enfermera. Estiré un brazo, creyendo que iba a leerme las llamadas constantes vitales.
-No, no –dijo ella con su firme vocecita-. He venido a leerle un libro, si le apetece. A algunas personas les gusta. Se aburren de estar tumbadas con los ojos cerrados.
-¿Quién elige? ¿Ellas o usted?
-Ellas, pero a veces yo les recuerdo algo. Intento recordarles alguna historia de la Biblia, alguna parte de la Biblia de la que se acuerden. O algún cuento de cuando eran pequeños. Siempre traigo un montón de cosas.
-A mí me gusta la poesía.
-No parece demasiado entusiasmado.
Me di cuenta de que era verdad, y sabía por qué. He leído poesía en voz alta, por la radio, y he escuchado leer a otras voces educadas, y hay algunas formas de leer con las que me siento cómodo y otras que detesto.
-Entonces podríamos jugar a un juego –dijo ella, como si yo se lo hubiera explicado, cosa que no había hecho-. Yo le leo un par de versos, me callo y vemos si usted puede recitar el siguiente. ¿Le parece bien?
Pensé que a lo mejor era una chica muy joven, deseosa de despertar interés, de tener éxito en ese trabajo.
Le contesté que me parecía bien, pero que nada en inglés antiguo.
-“Estaba el rey en Dunfermline…” –empezó a decir, como esperando respuesta.
-“Bebiendo vino del color de la sangre…” –continué, y seguimos de buena gana. Ella leía bastante bien, aunque a una velocidad infantil, como para lucirse. Empezó a gustarme el sonido de mi voz, y de vez en cuando me permitía una pequeña floritura teatral.
-Qué bonito –dijo ella.
-“Te mostraré dónde crecen los lirios / en las riberas de Italia…”
-¿Es “crecen” o “nacen”? – dijo-. No tengo ningún libro donde salga ese poema. Pero debería acordarme. Da igual; es precioso. Siempre me gustó su voz por la radio.
-¿En serio? ¿Me escuchaba?
-Claro. Y mucha gente.
Dejó de apuntarme versos y yo tomé la delantera. Ya se pueden imaginar. “La playa de Dover”, “Kubla Khan”, “Viento del oeste”, “Los cisnes salvajes”, y “Juventud condenada”. Bueno, quizá no todos, y quizá no enteros.
-Está usted sofocado –dijo. Su pequeña mano se posó rápidamente en mi boca. Y después su cara, un lado de su cara, en la mía-. Tengo que irme. Solo otro antes de marcharme. Se lo voy a poner más difícil, porque no voy a empezar por el principio.
-“Nadie largo tiempo te llorará / por ti rezará, te extrañará. / Tu lugar ha quedado libre…”
-No lo había oído nunca –dije.
-¿Seguro?
-Seguro. Usted gana.
Yo había empezado a sospechar algo. Ella parecía distraída, un poco molesta. Oí el reclamo de los gansos que sobrevolaban el hospital. En esta época del año hacen prácticas de vuelo, y después los vuelos se prolongan cada vez más hasta que un día los gansos se marchan. Estaba despertándome, con esa sensación de sorpresa e indignación que sigue a un sueño convincente. Quería dar marcha atrás y que ella pusiera su cara contra la mía, Su mejilla en la mía. Pero los sueños no son tan complacientes.

Cuando recuperé la vista y volví a casa busqué los versos con los que ella me había dejado en mi sueño. Repasé un par de antologías y no los encontré. Empecé a sospechar que los versos no eran de ningún poema de verdad, sino que habían sido inventados en el sueño, para confundirme.
¿Inventados por quién?
Pero más entrado el otoño, un día que estaba preparando unos libros viejos para donarlos a una venta benéfica, se me cayó un papel pardusco, con unos versos escritos a lápiz. No era la letra de mi madre, y difícilmente podría haber sido la de mi padre. Entonces, ¿de quién? Quienquiera que fuera había escrito el nombre del autor al final. Walter de la Mare. Sin título. No conozco demasiado bien las obras de ese autor, pero era probable que hubiese visto el poema en algún momento, quizá no en ese manuscrito sino en un libro de texto, y hubiese enterrado las palabras en las profundidades de mi cerebro. ¿Y por qué? ¿Solo para que me incordiaran, o que me incordiara el fantasma de una audaz mujer-niña, en un sueño?

No hay pesar
que el tiempo no cure,
pérdida ni traición
irremediable.
Bálsamo para el alma,
aún si la tumba
cercena
al amante del amado
y cuanto comparten.
Mira, brilla el sol,
pasado el aguacero;
las flores lucen su belleza,
¡qué hermoso día!
Que el amor y el deber
no te inquieten.
Los amigos largo tiempo alvidados
quizá te esperen allí donde
vida y muerte
todo igualan.
Nadie largo tiempo te llorará,
por ti rezará, te extrañará.
Tu lugar ha quedado libre,
tú ya no estás.

El poema no me deprimió. Parecía corroborar de una forma extraña la decisión que ya había tomado de no vender la casa y quedarme.
Algo había ocurrido allí. En la vida tienes unos cuantos sitios, o quizá solo uno, donde ocurrió algo, y después están todos los demás sitios.
Por supuesto, sé que si me hubiera topado con Nancy –en el metro de Toronto, por ejemplo-, los dos con nuestras marcas bien reconocibles, lo más probable es que no hubiéramos pasado de una de esas conversaciones absurdas y embarazosas, con la enumeración de detalles autobiográficos inútiles. Yo me habría fijado en la mejilla retocada, casi normal, o en la cicatriz aún bien visible, pero seguramente no habría salido en la conversación. Quizá se habría hablado de hijos. No tan improbables en el caso de Nancy, retocada o no. De nietos, del trabajo. Quizá no tendría que haberle contado en qué consistía el mío. Asombrados, cordiales, muriéndonos de ganas de salir corriendo.
¿Creen que eso habría cambiado las cosas?
La respuesta es: naturalmente, durante cierto tiempo, y jamás.

Demasiada Felicidad
Alice Munro

martes, 8 de octubre de 2013

Introspección

…y de repente estaba solo, sin tiempo, sin sonido, con el brote instantáneo de una lágrima, con un silencio agudo que atravesaba mi garganta, muda en ese instante con dirección creo yo a mi corazón, al frió y denso camino de mi alma, de esta parte nublada de mi ser, de este eclipse de luna, de este mar colapsado y pensé en la luz que me faltaba, los tiempos de antaño semanas atrás, cuando la felicidad tenia nombre pero que ahora yacía sepultada detrás de mis ojos, en esta humedad desdibujada, cerré los ojos para escapar de la oscuridad, para encontrarme con aquel hombre que fue antes de ti, que nació sin ti, y que quizás morirá sentí, y lo encontré sentado, mejor dicho derrumbado, frente a tu puerta o la de tu alma, hundido en el desasosiego, en la caridad de los recuerdos que desfilan uno a uno en sentido contrario a tus calles, lejos de tu cielo, cerca del olvido, y aquel momento se convirtió en memoria, en una llaga mas de esta historia donde los personajes huyen hacia el desencuentro, donde la marea sube para ahogar nuestras esperanzas, volteó y te encuentro ahí sentada junto aquel hombre que fui yo, clamando las mismas penas de este amor que no fue amor, llorando hasta el ultimo recuerdo…


¿Por qué tenemos que quedarnos todos tan solos? Pensé. ¿Qué necesidad hay? Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? Me tumbé de espaldas sobre una piedra plana, alcé la vista hacia el cielo y pensé en la multitud de satélites artificiales que debían de estar girando alrededor de la tierra. El horizonte aún estaba ribeteado de una pálida luz, pero en aquel cielo teñido de un profundo color vino empezaban a brillar ya las estrellas. Busqué en él la luz de los satélites. Pero aún había demasiada claridad para que pudieran apreciarse a simple vista. Las estrellas visibles permanecían inmóviles, cada una en su lugar, como clavadas en el cielo. Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. Sin una palabra, sin una promesa.

Sputnik, mi amor
Haruki Murakami

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Te dibuje en mi cama

...te dibuje en mi cama, te recite en mis labios, te esculpí en mis ojos, te soñé atravesando la puerta, mientras dejabas caer un vestido de seda sobre la ansiosa alfombra de un cuarto que quizás no exista, de una noche sin calendario, de una luna sin ventana, en este baúl de sombras y destellos, inmovilizas mis ojos con tus palabras, bajas la marea a mi ansiedad, y me invitas un sueño, de pieles suaves y tersas, y la oscuridad toma forma también sabor, lentamente te deslizas sobre mi cuerpo, que agoniza en una precaria armonía, mientras imprimes tu figura en mi cuerpo, al tono de tu lengua, húmeda y cálida, doblegas mis bastiones, redimes mis angustias, pasas por mi alma, la vuelves plástica, dejas tu magia con tus manos en cada parte de mi cuerpo, me acaricias y me estrujas con cierto afán de misterio, paseas tus senos por mi cara, desorbitas mi corazón, es tu forma de suavizar mi pecho, de enarbolar mi sexo, por el que pasea también tu lengua, por donde se dejan mirar tus labios y tus ojos viéndome con ese gesto de no pasa nada, solo es que tiembla el universo, como retiembla mi cuerpo en espasmos que dejan de ser mudos, entre un manantial de saliva, humedad de la vida, no encuentro tus manos, están perdidas, avanzas sobre mi a paso lento, amenazante, te dejas caer sobre mi, como si hubiéramos sido hechos en dos partes, como si te hubiera encontrado, pasas por mi mente, hasta que le llega el calor, que provocan tus sonidos, que provoca la humedad de esta unión, y aparecen tus brazos que se envuelven sobre mi cuello y también tus manos que se adhieren a mi espalda, y tus movimientos se vuelven una danza, un ir y venir de la vida, tus labios encuentran los míos, mojamos nuestros cuerpos y nuestras almas al ritmo de tus caderas, mientras mis manos te toman por la cintura, poniendo a ritmo nuestras semblanzas en este paisaje de amor y deseo, pero ambos sabemos que esto es un sueño, un residuo del amor que busca no olvidarse de nosotros, y que hoy se ha convertido en recuerdo…


 Amado señor mío no tengas miedo, no te muevas, permanece en silencio, nadie nos verá. Sigue así, quiero mirarte, yo te he mirado mucho, pero no eras para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate donde estás, tenemos una noche para nosotros, y yo quiero mirarte, nunca te he visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos, y acaríciate, te lo ruego. No abras los ojos si te es posible, y acaríciate, son tan hermosas tus manos, he soñado con ellas tantas veces, ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, te lo ruego, continúa, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate, amado señor mío, acaricia tu sexo, te lo ruego, despacio. Es hermosa tu mano en tu sexo, no te detengas, a mí me gusta mirarla y mirarte, amado señor mío, no abras lo ojos, todavía no, no debes tener miedo, estoy cerca de ti, ¿me sientes?, estoy aquí, te puedo rozar, esto es seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel. Tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, de repente sentirás el calor de mis labios sobre ti, no puedes saber donde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de repente. Tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las pestañas, sentirás entrar el calor en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea en tu sexo, apoyaré mis labios, allá abajo, y los abriré bajando poco a poco. Dejaré que tu sexo entreabra mi boca, entrando entre mis labios y empujando mi lengua, mi saliva descenderá por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo. Hasta que al final te bese en el corazón, porque te deseo, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te deseo, y con el corazón entre mis labios tú serás mío de verdad, con mi boca en el corazón tú serás mío para siempre, si no me crees abre los ojos, amado señor mñio, y mírame, soy yo, quién podrá borrar este instante que sucede, y este cuerpo mío ya sin seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran. Tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que te deslizas debajo de mí, aferras mis caderas, me levantas, dejas que me deslice sobre tu sexo, despacio,quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote lentamente, tus manos en mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves lentamente pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz. Mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me alza, tus brazos que no dejan que me marche, los golpes dentro de mí, es violencia dulce, veo tus ojos que buscan en los míos, quieren saber hasta donde hacerme daño, hasta donde quieras, amado señor mío, no hay final, no acabará, ¿lo ves?, nadie podrá borrar este instante que sucede, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos separando las lágrimas de mis pestañas, mi voz dentro de la tuya, tu violencia que me tiene aferrada, no queda ya tiempo para huir ni fuerza para resistirse, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, amado señor mío, este instante existirá, de ahora en adelante, existirá hasta el final. No nos veremos más, señor. Lo que era para nosotros, lo hemos hecho, y vos lo sabéis. Creedme: lo hemos hecho para siempre. Preservad vuestra vida resguardada de mi. Y no dudéis un instante, si fuese útil para vuestra felicidad, en olvidar a esta mujer que ahora os dice, sin añoranza, adiós.

lunes, 26 de agosto de 2013

Un día mas

…redobla el silencio, junto a tus fauces, un mar de lunas se revuelca entre las sabanas, marejada de motivos sin razón, hoy es tu canción, también tu poema, tus laudes y tu sirena, hoy es eterna la lluvia mañanera como lo son los vientos que arrastra el Otoño, luz de estrella, sereno en la hoguera, sueño de estar, no hay mas que el logro, de vivir, de sucumbir, lúdica gama de brillos apagados, ante puestos en la sombra de un corazón que ya no da sombra, prefacio del alma, que surge de la punta de mi lengua a la punta de mis pies, fin de mes y al revés, pasado absuelto, libre de pecado, extinto de memoria, letras mudas de una historia, viste de gloria, aun tirada en el suelo, deja el revuelo y las malas noticias, hay menesteres sin su crupier, no hay que creer, si es que no crees, hoy es un buen día para este mes…


Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo. Todo ha quedado allá, las botellas, el barco, no sé si me querían, y si esperaban verme. En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos, una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets. Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad, yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías. Mi mujer sube y baja una pequeña escalera como un capitán de navío que desconfía de las estrellas. Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche. Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran a la ventana que tengo a mi espalda. Nocturno Julio Cortázar

miércoles, 21 de agosto de 2013

Porque cerrar la ventana

…así que estas ahí, desprovista de toda fe, sin esperanza de luna, perdida en el ayer, así que un día ya no estarás ahí bajo la sombra de un recuerdo abrupto e insensible, así que dejaras de ser mientras vas siendo, con todo lo que dejas a tu paso, o dejaste si hablamos en pretérito, no volverás si entonamos un paisaje en futuro, si acudimos a la severa realidad de un montón de pasos, de distancias que se volvieron cielos, universos y nadas, así que sé que no vendrás y la noche es casi eterna, tan eterna como un racimo de estrellas, las hojas caen con frialdad frente a mis ojos, los mismos que no han aprendido de ausencias, la vida se desnuda frente a mi si ningún pudor y el frio avanza con frenesí hacia el holocausto de mis sueños, un sutil paso del tiempo nos vuelve mas viejos, cristaliza nuestras almas, y las vuelve quebradizas, frágiles ante cualquier caricia, sensibles a cualquier rose de labios, sumisas al desdén de un llanto de lagrimas secas, así es que de nubes y cielos no se habla mas en mi techo, así es que de huertos y frutos no llueve mas en mi alma, así es que de sombras y silencios se han llenado mis arcas y un fútil pensamiento me hace huir a la nada, un viraje sin fin en esta vida de espiral, como un viento de antaño que me platica de un lugar recóndito, entras por mi ventana…


Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocedo ante nosotros. En ese 
entonces nos fue esquivo, pero no importa; mañana correremos más aprisa extenderemos los brazos más 
lejos... hasta que, una buena mañana... 

De esta manera seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin 
pausa hacia el pasado

El gran Gatsby
F. Scott Fitzgerald
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